Una de las opciones más auténticas es alojarse en los Riads, las casas marroquíes tradicionales. 

Normalmente constan de dos o tres pisos y de un patio interior. Los Riads son casas privadas que empezaron a ser restauradas en los años 70. Muchas de ellas  han sido completamente renovadas y convertidas en casas de huéspedes llenas de carácter y de encanto que ofrecen un servicio excepcional en fantásticas construcciones re-decoradas y reconstruidas al modo tradicional.

Por otra parte, tenemos los Hoteles, muy numerosos en el país debido a la gran afluencia de turismo que posee. Encontramos desde los lujosos hoteles de 5 estrellas, hasta los hoteles más asequibles. La gama de precios, servicios y ubicaciones es muy amplia. La mayoría de los hoteles ofrecen servicios tales como piscina climatizada, bar y restaurante, spa, hammam y sala de masajes, así como los más comunes: servicio de habitaciones, acceso a Internet, teléfono y fax, entre otros muchos.

Si queremos alojarnos en un lugar típico del país, lo podemos hacer en las Kasbahs, las edificaciones fortificadas representativas de la arquitectura bereber, construidas de adobe con la técnica tradicional marroquí. Es fácil identificarlas ya que sobresalen en el paisaje desértico. Las estancias en kasbahs nos llevan a otros tiempos y, en ellas, podemos encontrar tanto lujo como tradición.

Otra de las opciones es alojarse en Albergues, donde la hospitalidad marroquí se siente en el trato acogedor que reciben los turistas. Este tipo de alojamiento le permitirá conocer más en profundidad el tipo de vida local. Los albergues o casas de huéspedes de austera comodidad juegan con la baza de la autenticidad.